martes, 13 de enero de 2015

Inventos

El afeitado.
Es un hábito aún más antiguo que el de cortarse el pelo ya que existen evidencias de que nuestros antepasados se rasuraban la barba con conchas hace 20.000 años. Los antiguos egipcios, mucho más evolucionados, llevaban a la tumba su colección de navajas de afeitar, ya que la cara afeitada realzaba la categoria social de quien la lucía y los griegos se afeitaban todos los días por una cuestión de supervivencia: para evitar que sus enemigos les agarrasen por ella en  la lucha cuerpo a cuerpo. Es más, cuando los españoles llegaron a América constataron que los amerindios se «pulian» el rostro utilizando finas conchas de molusco a modo de pinzas con las que, más que afeitarse, se depilaban unos a otros mientras charlaban. La primera navaja como la conocemos hoy nació mucho después, en 1972.

Los anuncios de Neón.
La primera patente se presentó el 9 de noviembre de 1911 en una oficina de EEUU y obtuvo el permiso en 1915. El artífice de dicha petición, Georges Claude -o Claude Neon, como se le acabó conociendo-, obtuvo tantos pedidos de anuncios luminosos en tan poco tiempo que no daba abasto. Hoy en día, esos llamativos anuncios siguen siendo una de las señas de identidad de lugares míticos como Las Vegas.

La cubierta de los discos.
Los primeros vinilos se vendían con fundas negras o, directamente, en papel de envolver hasta que, en 1940, el estadounidense Alex Steinweiss -quien consideraba que aquello no era manera de guardar algo tan hermoso como la música- ilustró el disco «Smash Song Hits», de Rodgers y Hart, y las ventas aumentaron un 800%. Inmediatamente, todas las discográficas copiaron la idea.

El bocadillo.
Cuenta la historia que, hace 3.000 años, Brahma, deseoso de que el dios Shiva se desdoblara en hombre y mujer, prometió seguir una vida ascética que incluía la alimentación (a base de «bocaditos», en busca de la frugalidad pero manteniendo una elevada calidad). En cuanto al contenido, los antiguos romanos apreciaban enormemente el bocadillo de embutido, mientras que sus colegas griegos apostaban por el incombustible bocata de calamares.

Los tacos para la pared.
En cierta ocasión, el inglés Rawlings necesitaba colgar unos cuadros en la pared de un museo y los tornillos se le salían, así que ideó este «gadget» de sujeción uniendo fibras de yute con adhesivo. En 1958, Artur Ficher vio en ello una gran idea, compró la patente y comenzó a fabricar los tacos con plástico.

El papel pintado.
En el siglo XV, en Occidente, este papel empezó a sustituir a los tapices como medio de llenar paramentos de salones y, en sus inicios, se pintaba a mano. La moda se extendió y, a finales del siglo XVI, ya había una enorme variedad, aunque los más afamados provenían de Francia. En 1839, una empresa inglesa de estampados de la ciudad de Lancashire patentó una máquina que abarató tanto los precios que, una década más tarde, los anuncios decían que costaba lo mismo un bello papel que el blanqueo de una habitación.

El multipack.
En 1960, Jules Poupitch utilizó la elasticidad del plástico para anillar latas de bebida e incluyó una cinta en la que se podía introducir el dedo anular para llevarlas con comodidad.

El alfajor.
Este soculento dulce navideño se introdujo en España en el año 711, cuando Rodrigo, el último rey godo, fue derrotado por los árabes. Ellos nos trajeron su rico vocabulario y también su cocina, entre la que se incluían los alfajores. Durante siglos, los más tradicionales han sido los de Córdoba, ya que se hacían a mano en conventos y casas religiosas. Como dato curioso, cabe destacar que empezó siendo un dulce cuadrado y que alcanzó su mayor éxito con su actual forma redonda, hace más de un siglo.

La pandereta.
Los orígenes de este clásico instrumento musical navideño son remotos y parecen ubicarse en varios lugares del mundo, ya que los antiguos egipcios las usaban en ceremonias fúnebres y los israelitas, en ocasiones festivas.

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